domingo, mayo 22

El cuadro de San Sebastián me mira

"Todo es curioso. Pero hay unas cosas más curiosas que otras. Tú no eres curiosa. Yo no te catalogaría de curiosa. Te catalogaría como medianamente chica. Como eternamente ciega. Sin embargo, catalogaría de curiosas ciertas circunstancias de nuestra relación. Cuando dije que te catalogaba como eternamente ciega no fue mi intención ofenderte aunque estoy seguro que te sientes ofendida, precisamente por eso: porque siempre serás chica (o pendeja como sabes que te diría).
Querer a una persona chica, como es mi caso, es una cruz ni más ni menos cansadora que otras. Pero tiene sus bemoles que son desalentadores hasta el punto de asomarse uno a la desesperación lisa y llana. Tú no te imaginas, ni siquiera, que no te imaginas el daño que me has hecho al decir cosas que yo me imagino tú te imaginas que no son dañinas. Tú no te imaginas que podríamos vivir, yo a tu lado de un lado para otro y de rodillas como si estuviera pagando una manda en la gruta de Lourdes cuando tú vas al baño, cuando tú vas a la cocina, cuando tú vas al living. De rodillas pidiéndote que comprendas, que te fijes, que te des cuenta que ando de rodillas, siguiéndote a todos lados en nombre de algo. Cuando digo que morirás chica me refiero a que no te has dado cuenta y que no sabrías, si me vieras, porque ando a tu lado de rodillas. Cuando digas que todo esto es literatura (como sueles hacer), también pensaré que se debe a tu constante a medias ceguera y con el tiempo te volverás chica for ever. Ser chica no es malo. Al menos para ti. Para mi sí. Aunque no tanto. Yo debo actuar por fuera. Ver la estrategia. Olvidarme de las tripas. Olvidarme de la Santa Bárbara. Debo concentrarme en los desplazamientos y en lo que veo desde ahí. Debo entrar (y lo antes posible mejor) en el terreno de la astucia. Tú no dejas otra salida. O es tu maldad o es idiotez (no mucha, perio idiotez al fin), la que no deja que yo me porte con más inteligencia o naturalidad contigo...
No sabes cómo vivo. Y deberías saber. Porque ya te lo he dicho. Y aquí estoy esperando. Tu boca se abre y no dice nada. ¿Nada es lo que dices? ¿Nada es lo que sale de tu boca? Y yo estoy siendo astuto. Uno escogería. Y yo no escojo. Termino aceptando la versión de cualquiera en nombre o en honor a su desesperación. El resultado está a la vista. No puedo huir de lo que has hecho. Ni de lo que harías por mucho tiempo. Sin embargo, puedo aplaudirme. De abrirte en canal como te abro. No quiero que nadie más lo haga. No estropearían nada. Lograrían eso sí, un rizo más, un recoveco más, en la enredadera de los mal entendidos que a ti te sirven de guía y escalera. No puedo hablar contigo. Tú has perdido la memoria."

Claudio Bertoni.

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