enfrentarme al ritual de escribir requería una escena perfecta. sol en el lado izquierdo del cuerpo, justo ahí donde hace falta. un anillo de 18 kilates que no fue precisamente regalado por el amor, en la diestra un cigarro y frente a mis pies, una lú radiante y ronroneadora como nunca. comenzar los veinticinco así, nunca fue previsto. ese domingo fatídico que me dejó en el hospital por varios días, no lo planeé. varias veces sí, varias veces pensé en morir, pero nunca sentí el horror como ese día. mi pieza, que de oscura no tiene nada -bien lo sabe jp y los otros-, parecía un laberinto lleno de arañas, de asquerosos insectos que querían corroerme hasta el fondo. lo único que permanecía vivo era mi boca.
las sondas, el suero, el pinchazo que todavía deja una marca, las preguntas chistosas de los doctores: "camila, ¿has escuchado voces?", "pero claro, la tuya, imbécil", quise decir. unos cuantos sueños rabiosos, entre medio ratas, los amigos que aparecieron, el llanto compungido de mi madre, las canciones de fito páez y la llegada a ese lugar.
macarena, la doctora. la sofi con sus ojos verdes, la pelu, las drogas, la linda y radiante maripé, y la que pudo haber sido mi mejor amiga aquí afuera, la vicky. sonrientes todas, los collares con la paz, la leche con chocolate en abundancia, cigarros mañaneros, mediodiarios y nocturnos antes de esas dosis de sueño que nos llevaban de golpe a la cama. todo lleno de los cerezos en escasez y una muñeca que más que peinarla quería abrazar hasta hacerla desaparecer.
cumpleaños feliz, qué les sucede a todos afuera. violento mundo hay, un poco de angustia y ya en mi hogar, todo parece más calmo. él se fue a antofagasta, ese abandono que desde la niñez me persiguió y sigue apareciendo y rondando como un monstruito feo y querible, que quiere aprovecharse de mi fragilidad constante. borderline, no, todos los depresivos somos borderline me dijo gianni. y yo le creo, además yo nunca he tenido ninguna adicción.
todo esto parece ser un descargo absoluto de las emociones que van y vienen aquí dentro. suben y bajan, salen y explotan y tienen tantas ganas de dar. mientras tanto me divierto con las más de quinientas mostacillas, los buhítos en miniatura, las piedrecitas pintadas a mano por la señora del manuel y un nuevo terreno baldío que espera a ser sembrado por la nueva Camila. bienvenidos otra vez.
las sondas, el suero, el pinchazo que todavía deja una marca, las preguntas chistosas de los doctores: "camila, ¿has escuchado voces?", "pero claro, la tuya, imbécil", quise decir. unos cuantos sueños rabiosos, entre medio ratas, los amigos que aparecieron, el llanto compungido de mi madre, las canciones de fito páez y la llegada a ese lugar.
macarena, la doctora. la sofi con sus ojos verdes, la pelu, las drogas, la linda y radiante maripé, y la que pudo haber sido mi mejor amiga aquí afuera, la vicky. sonrientes todas, los collares con la paz, la leche con chocolate en abundancia, cigarros mañaneros, mediodiarios y nocturnos antes de esas dosis de sueño que nos llevaban de golpe a la cama. todo lleno de los cerezos en escasez y una muñeca que más que peinarla quería abrazar hasta hacerla desaparecer.
cumpleaños feliz, qué les sucede a todos afuera. violento mundo hay, un poco de angustia y ya en mi hogar, todo parece más calmo. él se fue a antofagasta, ese abandono que desde la niñez me persiguió y sigue apareciendo y rondando como un monstruito feo y querible, que quiere aprovecharse de mi fragilidad constante. borderline, no, todos los depresivos somos borderline me dijo gianni. y yo le creo, además yo nunca he tenido ninguna adicción.
todo esto parece ser un descargo absoluto de las emociones que van y vienen aquí dentro. suben y bajan, salen y explotan y tienen tantas ganas de dar. mientras tanto me divierto con las más de quinientas mostacillas, los buhítos en miniatura, las piedrecitas pintadas a mano por la señora del manuel y un nuevo terreno baldío que espera a ser sembrado por la nueva Camila. bienvenidos otra vez.
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