sábado, julio 16

"De alguna forma el consultorio del analista está ahí, a manera de recipiente, para vaciar esas frustraciones, esa especie de fantasías anticlimáticas que no son sino la mejor muestra del triunfo de la civilización y la cultura sobre nuestras pasiones más atávicas. Sospecho que en dicha contradicción, en la tensión que genera, se encuentra el punto fundacional del imperativo que rige al interior del consultorio, el de no callar nada frente al analista, no callar nada frente a uno mismo, la posibilidad o la obligación de decir cualquier cosa. Un mandato que, si se le analiza incluso someramente, revela su naturaleza anti-moral, su voluntad de derruir —siquiera en el contexto del consultorio y en el ámbito de la palabra hablada—las sólidas y gruesas paredes del buen comportamiento para permitir el paso de una brisa ligera, de un viento refrescante y luminoso y acaso desconocido."

Si quieren leer más, pues adelante. El hermoso mundo de la Internet.

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