miércoles, junio 1

Mi lindo globito, ¡PUM!, reventó

No sé si lo que hoy escriba me salga tan consistente como quiero que salga, pero hablar del globo aerostático es hablar de algo ridículo. Partiendo por eso. Ayer en el café, mientras él hablaba, hablaba, hablaba, yo oía, oía, oía. Hasta que de repente el monólogo llegó a la siguiente frase: "Yo no sé qué habría sido de ustedes si yo hubiese estado presente".

Soltaron las chayas, las serpentinas, el jugo en mi boca explotaba y salía hasta por los oídos y dónde están los guardias para que se lleven a este loco, pensé.

Es que sin duda alguna él nunca se dará cuenta de la falta que me hizo. De que nunca estuvo totalmente presente, siempre sus movimientos globulares fueron sobre sí mismo, sobre su dolor por no tenernos cerca, sobre lo malo que era ella con él, sobre cómo se sentía en la soledad santiaguina, sobre las noches treinteañeras y las minas de las que se enamoraba. Y nos amó, seguramente me ama también, pero es incapaz de darse cuenta que aún cuando sea grande, muy grande, incluso enorme y que todos pueden verlo, siempre seguirá siendo un globo. Un globo que a la larga, tengo y esta vez con ganas y alegría quiero reventar. Un globo que ya no quiero, un globo que con los años se ha puesto oscuro, se le acaba el gas y lo único que hace es entorpecer la vista de las avionetas, los cohetes, los helicópteros, incluso los pájaros, por más que no me gusten.

Así es que esta es la misión. Inventar desde mí, encontrar en mí una aguja puntiaguda, filosa, de lleno sigilosa, para que en el momento exacto, lo apuñale y reviente. Tal vez con toda esa coraza plástica pueda encontrarme una sorpresa dentro, como en los globos piñata que nunca tuve cuando era niña.

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