viernes, agosto 19

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Como la nieve que cayó en copos de agua ayer, como la nieve que caía sobre las hojas, sobre las cabezas negras y rubias, sobre el pavimento, la nieve hermosa que lo puso todo blanco, pero que cayó también sobre la cordura, la paz y la calma.
Los techos estaban blancos y ni en mis sueños había imaginado que la imagen sería fue era así. Los miré durante mucho rato mientras la cancioncita ondera del descubrimiento último sonaba y con mi celular moderno entonces fotografiaba cada uno de sus pasos. Y así fue el día, tranquilo y en calma, sonrisa por dentro y por fuera, hasta que llegué.
No sé cómo explica uno, cuando tiene tanta rabia adentro que ni siquiera se es conciente de tenerla. Cuando esa rabia se transforma en una gran bola de pelos asquerosa, que te traba en todo, te ahoga, acumula tus peores sentimientos hacia alguien, hacia alguien que amas, que justamente, comienza a tirarte pelotas de nieve para boicotearte, quiere matarte, quiere hundirte y no se da cuenta. Esto que siento es un desgarro absoluto que sólo se parece al dolor que sentí ese día domingo. No quiero estar con ella, no quiero mirarla, no quiero que me toque. Me da repulsión haber estado tan dentro, tan cerca, no la quiero más aquí. Quiero que se muera, quiero golpearla hasta que se calle, quiero vomitarla y que coma esta bola asquerosaa que le pertenece. Hazte cargo, alguna vez.

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